Conflicto de intereses en la investigación médica

-- Posted: 23/09/2013 -- By: Sándor Darvas -- Comments: 0

Uno de los temas más candentes en la investigación médica es el del conflicto de
intereses.  El conflicto de intereses está continuamente presente en todos los ámbitos de nuestra vida, tanto profesional como personal. Aconsejo un libro del profesor de psicología y conductismo económico Dan Ariely titulado The Honest Truth About Dishonesty: How We Lie to Everyone – Especially Ourselves. Existe una versión en español: Por qué mentimos… en especial a nosotros mismos (la versión española está muy mal traducida, con perdón del traductor).

He escrito una entrada sobre conflictos de interese de los jueces y otra entrada sobre los conflictos de intereses de los auditores.  Hoy quiero escribir sobre los conflictos de intereses en la investigación médica.  El gasto médico es el más importante que tiene cualquier Estado y la longevidad de la población incrementará esta tendencia.  Hace poco leí que en Japón se venden más pañales para personas mayores que para bebés.

La falta de priorización de la investigación biomédica en nuestro país conlleva que no se desarrolle convenientemente la investigación en áreas de conocimiento estratégicas para la salud de la población y el buen funcionamiento de los servicios de salud para atender a los ciudadanos.  Es un tema delicado, porque siguiendo lo del conflicto de intereses a todos nos gustaría que se invirtiese más en nuestra enfermedad o en la de un familiar, pero deberíamos distanciarnos un poco del tema y ver si es rentable para toda la sociedad.  Meditemos en este contexto sobre el desequilibrio de recursos destinados a aquellas enfermedades de carácter más emocional (grupos de interés).

La segunda pregunta que debemos hacernos es si la investigación es “limpia”, es decir, si la interpretación de los resultados de los estudios de investigación no está sujeta a ningún tipo de sesgo.  Un punto también muy importante, pues en caso contrario correríamos el peligro de aceptar tratamientos de validez no demostrada.

Respecto a la primera cuestión, la respuesta está en la misma pregunta.  La mayor parte del gasto que se realiza en investigación lo aporta la industria privada.  Lógicamente, la industria privada se rige por criterios de rentabilidad comercial: está interesada en vender los medicamentos.  La prevención y detección precoz en general no está –ni puede estar- entre sus objetivos, así como tampoco los cambios en los hábitos de vida (tabaquismo, alcoholismo, sedentarismo…).  Así que la mayor parte de la inversión se dirige a medicamentos curativos, que se puedan vender, y que a la postre incrementan el gasto en sanidad de un país.

Esto debería estar equilibrado por los planes de subvención a la investigación de las instituciones públicas.  Sin embargo, la investigación estatal es casi nula y los centros universitarios están en el mismo paquete que la industria farmacéutica (debido a los derechos de patente que les da su investigación).  Hoy nadie investiga por amor a la humanidad, sino por amor al dinero.

Respecto al segundo punto, hay numerosos estudios que muestran que la investigación promovida por la industria tiende a sacar conclusiones que favorecen a los intereses la industria promotora.  Un profesor universitario, relacionado con la investigación médica, ha dicho respecto a esto: “El problema del dinero sucio es que no hay suficiente”.

La conclusión: la continua mercantilización de las relaciones profesionales, la pérdida de la vocación profesional a favor de los ingresos económicos, a la larga, nos perjudicará.  Lo que se llama popularmente “pan para hoy y hambre para mañana”.  Nuestra sociedad envejece y deberíamos emplear bien nuestros recursos y, sobre todo, centrarnos en la prevención.

Como decía Ortega y Gasset en un artículo publicado en El Sol a finales de 1930: “La especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una enfermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente “generosamente” exquisita gratitud hacia quien le quita la enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre es profundamente ingrato”.

Seamos realistas y optimistas.  La mayor parte del dinero dedicado a la investigación es privado ¿cómo podemos canalizar estos recursos para que sean rentables socialmente?  La respuesta la da Robert Merton, premio Nobel de economía, y os la desvelaré en otra entrada.

 

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